¿Cómo dar el paso hacia el veganismo y quedarte a vivir en él para siempre?

Hoy les quiero contar una historia. Mi historia. Cómo y por qué me inicié en esto del veganismo y las razones que me llevaron a ello. Quiero desmitificar todo lo que has podido leer o escuchar que no sea cierto y que abraces este estilo de vida con todo tu corazón como el mejor regalo que puedes hacerte. Que puedes hacerles.

El veganismo, es la expresión de amor más pura que conozco.

Espero con esto ser capaz de transmitirles precisamente eso. AMOR.

Una vegana dentro de mí.

Cuando viajé a Japón- 2009.

Desde que era muy pequeña, recuerdo sentir un profundo amor y admiración hacia los animales. Cada vez que veía alguno, sentía la necesidad impetuosa de abrazarlos, acariciarlos, alimentarlos. Mi infancia estuvo muy marcada por innumerables viajes a Fuerteventura. La isla canaria favorita de mis padres. Sobre todo, de mi padre. Cada verano íbamos a pasar allí las vacaciones y una de las cosas que más le gustaba hacer a mi padre era pescar. Por suerte para los peces, ya no lo hace. Yo siempre pescaba con él. Me sentía orgullosa de poder pescar peces cada vez más grandes. Cada verano superaba al anterior y para lo pequeña que era, me hice una auténtica «experta».

Un verano todo cambió. Algo dentro mí , me dijo «se acabó». Mientras pescábamos, sostuve un pez en mi mano, miré a mi padre y le dije: «papá, ya no quiero pescar más, me da mucha pena». Le quité el anzuelo y lo devolví al mar. El lugar del que no debió salir nunca. Mi padre lo entendió al momento y desde aquel instante, guardé mi pequeña caña de pescar para siempre. Posiblemente esa noche cenamos pescado pero de momento, esa conexión aún no me había llegado.

Recuerdo también lo mal que me ponía cada vez que veía un documental de National Geographic donde el león se comía a la cebra. Lloraba de angustia y le preguntaba a mis padres «¿pero por qué el cámara no hace nada? ¿por qué no espanta al león para que no se coma a la cebra?» Ellos me miraban con toda la dulzura del mundo y me decían, «cariño, así es la naturaleza».

La epilepsia me presentó a uno de los grandes amores de mi vida.

A los 9 años me dio epilepsia. Por suerte, de todos los tipos posibles por haber y por habido, tuve la gran fortuna de que el tipo de epilepsia que sufrí fue «epilepsia benigna». Eso significa que con tratamiento se cura. Estuve 2 años con un tratamiento médico, tegretol. Aún recuerdo el nombre de las pastillas como un mantra. Tenía que ir a revisiones periódicas y someterme a incómodas pruebas de sueño. De golpe y porrazo maduré a la velocidad de un rayo. Eso supuso muchos cambios emocionales dentro de mí. Lo pasé realmente mal.

Mis padres también pasaron un período complicado y difícil. Sobre todo cuando mi miedo a dormir se hizo latente. No quería quedarme dormida por nada del mundo, porque fue mientras dormía, cuando tuve las dos crisis epilépticas. Por aquel entonces fui al psicólogo por primera vez (siendo adulta también he tenido que recurrir a ellos, sin pudor ninguno a hablar sobre el tema) y le aconsejó a mis padres que me regalaran un perro. Sí. Un perro.

Así fue como llegó Quillo a mi vida, a nuestras vidas. Y puedo decir que Quillo me salvó literalmente la vida. Se convirtió en mi mejor amigo, en mi calma y en el guardián de mi castillo. Gracias a él volví a dormir en mi habitación sin miedo, con la luz apagada y con la certeza de que si los dragones volvían a visitarme, él estaría ahí para ahuyentarlos. Vivimos años maravillosos, llenos de amor, de juegos, de confidencias, de risas, de mil anécdotas que darían para escribir un libro. Quillo era un ser de luz increíble y muy especial. Por aquel entonces, dejábamos la puerta de casa abierta y él salía a la calle y volvía cuando quería. No había peligro de atropello, no había peligro visible que supiéramos. Hasta que un día, alguien, decidió envenenar a todos los perros de la zona. Hasta que un día, alguien decidió arrebatarme a Quillo para siempre. Supongo que alguna niña en otro lugar, lo necesitaba más que yo. En un descuido, Quillo comió algo que no debía y murió. Murió su cuerpo pero no su alma. 26 años después, aún lloro escribiendo estas líneas. Imagínense, tuve que volver a ir psicólogo (por poner un poco de humor a este drama). Aún tengo una libreta escrita enterita para él. Donde cada día y durante mucho tiempo, le escribía a diario. Sentía que de aquella forma él podía seguir a mi lado. Él podía seguir espantando a mis dragones.

Quillo fue la razón por la que me enamoré por completo y de manera incondicional de los perros. Y después, de todos los animales de este mundo. De alguna manera, tenía que devolver en esta vida, todo lo que él hizo por mí.

El veganismo vivía en mí pero yo no lo sabía.

Antes de terminar mis estudios en publicidad y dedicarme completamente a ello, estudié veterinaria. Sí. Estudié durante 4 años (de cinco que duraba la carrera por aquel entonces) veterinaria en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. ¿Y por qué lo dejaste si solo te quedaba un año? (se preguntarán con la boca abierta). Porque lo que siempre he querido estudiar realmente era publicidad pero en Gran Canaria, de donde soy, no existía esa carrera y hasta que no tuve la oportunidad de estudiarla en otra ciudad (la estudié en Madrid), no pude hacerlo. Esto es otra historia que daría para otro libro.

El caso, es que mientras estudiaba veterinaria, (recuerdo perfectamente ese día), una de las prácticas que teníamos que hacer era ir a un matadero y presenciar cómo mataban una vaca. Los veterinarios no solo se dedican a trabajar en clínicas veterinarias con perros, gatos, exóticos, etc. También se pueden dedicar a la sanidad. En los mataderos, el veterinario es quien se encarga de supervisar de que «se hace bien el trabajo», dentro de la legalidad sanitaria para que la carne llegue «en buen estado» «y no contaminada». No evita que el pobre animal sufra. Un horror, vamos. Fui a hablar con mi profesor y le dije que yo no era capaz de presenciar cómo mataban a un animal y quedarme impasible sin hacer absolutamente nada. Sin mayor pudor me dijo que si no iba, me suspendía la asignatura. Y le dije «pues no voy», y me contesta sin mirarme a la cara, «estás suspendida».

Y suspendí. Al igual que suspendí todas mis ganas de seguir con una carrera universitaria con la que no comulgaba en muchos aspectos. Por aquel entonces aún no era vegana. Pero algo dentro de mí me decía que eso, no estaba bien. Esa noche al llegar a casa posiblemente me haría de cenar una pechuga de pavo pero aún, no se había hecho la conexión en mí. Aún, no había llegado mi momento.

Mis primeros pasos en el veganismo.

Durante mucho tiempo me rondaba la idea en la cabeza de «dejar de comer carne». Cada vez lo llevaba peor y me sentía muy mal conmigo misma. Sabía que algo «no estaba bien». Me informé, leí al respecto, vi documentales y comencé a nutrirme de personas veganas que me ayudaron en el proceso. En marzo de 2015 (en el día del padre) decidí hacerme vegana. En mi proceso fue clave la ayuda de muchas personas, sobre todo de Fran Godoy, Alberto Peláez y su preciosa novia Sahar. Ellos fueron los que me ayudaron a dar los primeros pasos con firmeza, con seguridad y determinación. En otro artículo escribiré sobre cómo viví mi proceso de manera interna y externa.

En mayo de ese mismo año, corrí mi primera ultramaratón de montaña. Casi 80 kilómetros de senderos increíbles en la isla de La Palma. Llevaba solo dos meses siendo vegana y mi nueva forma de alimentarme más los entrenamientos me permitieron cruzar esa deseada meta. Fue uno de los momentos más mágicos de toda mi vida.

Llegada a meta Transvulcania 2015

Mis humildes consejos para iniciarte en el veganismo y no morir en el intento.

Si has leído hasta aquí, gracias por aguantar el tostón. Espero que aún te queden ganas de seguir haciéndolo. Te conté de mi infancia y un poco de mi experiencia porque para mí es importante que entiendas que todos llevamos a una persona vegana dentro. Nacemos con el amor incondicional hacia los animales, hacia la naturaleza, hacia la vida. ¿Qué ocurre entonces? Que se nos olvida y nos desconectamos de ello. El componente cultural (en la mayoría de los casos) normaliza la idea de que comer animales está bien. De que usar a los animales para nuestro beneficio está bien. De que vestir con las pieles de los animales, está bien. De que visitar circos, zoos y acuarios, está bien. Y todo eso se normaliza en un contexto aterrador que no tiene, ni nada de bien, ni nada de normal.

Por eso, te invito desde aquí a que reflexiones. A que te preguntes realmente qué impacto tienen tus decisiones de compra. De dónde vienen los alimentos que te procuras. De dónde viene tu ropa, tu cosmética, etc. Todo lo que usas o haces en tu día a día tiene un fuerte impacto sobre los animales, sobre el medioambiente y sobre las personas. Está en nosotras, está en nosotros, el poder de cambiar las cosas. Porque se puede. Sí que se puede.

La imagen puede contener: una persona, montaña, cielo, exterior y naturaleza
2018, cuando fundé Coco&Fresa Agencia Vegana.

Con todo esto, mis humildes consejos si quieres dar el paso hacia el veganismo son los siguientes:

  1. ¿Qué es el veganismo? Primero es muy importante entender qué es. El veganismo es un estilo de vida que rechaza el consumo de cualquier producto de origen animal. Desde la comida, la moda, la cosmética, etc. Así como el no apoyo de servicios, lugares o eventos que se lucren de la explotación animal privándoles de su libertad. Circos, zoológicos, acuarios, ferias, etc. Una vez entendamos qué es y lo que supone, daremos pasos más firmes y seguros.
  2. Veganismo por lo animales. Habrás oído decir a muchas personas que son veganas por su salud o por el medioambiente. La realidad es que la auténtica naturaleza del veganismo radica en la defensa por los derechos de los animales. Lo que pasa es que el veganismo también contribuye a una mejor salud del planeta y de la nuestra (por suerte). Pero de esto ya hablaré también en otra entrada del blog. Lo que quiero decir es que debemos tener la convicción absoluta de que lo que se le hace a los animales, está mal. Está terriblemente mal. Que los mataderos son lugares aterradores que deberían estar prohibidos y de que existen alternativas más éticas y sostenibles a nuestro alcance.
  3. Da el paso en compañía. Yo no hubiese sido vegana sin ayuda, sin el apoyo de las personas que tanto me acompañaron en su momento. Es una decisión muy importante y debes contar con personas que ya lo sean, con expertas y expertos en la materia que te asesoren. Pero que te asesoren bien. Con inteligencia, con sentido común y con grandes dosis de amor. Si lo necesitas, te puedes apoyar en mí.
  4. Contacta con una o un nutricionista. Yo nunca tuve que hacerlo porque leí mucho al respecto pero lo recomiendo 100% Este es uno de los grandes problemas a los que se enfrenta la gente cuando quiere hacerse vegana. No saben qué comer o se alimentan realmente mal sufriendo anemias o posibles carencias nutricionales por el desconocimiento. Las personas veganas no solo comemos lechuga y tomate (de hecho es de lo que menos como, jeje). Existe un sinfín de posibilidades y ante ti se abrirá una nueva cocina deliciosa, nutritiva, sabrosa y creativa. No necesitas ser ningún chef para ello. Yo antes apenas cocinaba y el veganismo ha sacado también, mi lado más creativo en la cocina. La única suplementación que deberás tomarte es la vitamina B12. El resto, el sentido común.
  5. Lee mucho, construye tu propia opinión. Una de las cosas que más me ha ayudado en todos estos años es la lectura. En otro artículo te recomendaré cuáles han sido los libros que más me han gustado y ayudado. Puedes buscar en Internet libros que traten sobre el veganismo. Mira documentales, sigue a personas veganas de rigor o que a ti te transmitan algo. Habrá cosas con las que no estés de acuerdo y habrá otras que sí. Con todo ello, construye tu propia opinión. Y decide así como quieres caminar.
  6. Ten mucha paciencia y no seas duro contigo misma, contigo mismo. Al principio cuando anuncies en tu círculo más cercano que vas a dar el paso hacia el veganismo, te vas a decepcionar con muchas personas. Algunas se alegrarán y otras te macharán. Sí. Te macharán. Defender algo tan importante como es la causa animal, requiere de grandes dosis de paciencia, amor y mucha fortaleza mental. Por eso es muy importante que estés bien preparada y preparado. Que estudies mucho, que sepas cómo responder bien a las 1.000 y una preguntas a las que van a someterte. Sobre todo «¿de dónde sacas las proteínas?». No es broma. Una buena respuesta puede salvar a más animales de los que imaginas. Y una mala, todo lo contrario.
  7. No puedes salvar el mundo, lo siento. Yo también lo intenté y casi muero en el intento. Hasta que un día entendí que el verdadero mundo que tenía que salvar era el mío. Céntrate en quién quieres ser y cómo puedes tú ayudar a los animales. Existen muchos tipos de activismo, desde el que se hace en el sofá compartiendo publicaciones acerca de veganismo, hasta el que se cuela por la noche en un matadero para grabar y luego compartir las durísimas imágenes que ocurren tras el muro. Todas las personas merecen respeto. Todas. Porque cada una lo hace lo mejor que puede, lo mejor que cree y lo mejor que siente. Y hagas lo que hagas por lo animales, estará bien.
  8. Amplía tu círculo de amistades veganas. Posiblemente no tengas muchos amigos veganos o quizás sí. Pero si eres como yo cuando empecé, te recomiendo que empieces a seguir a personas veganas por internet. Que asistas a charlas o conferencias (ahora online por esta dichosa pandemia) sobre el tema. Empieza a seguir a marcas o perfiles que divulguen el veganismo de una manera que a ti te haga sentir bien y te llegue. Aprende del resto de personas que llevan años trabajando en esto. Dentro de poco, muchas personas empezarán a aprender de ti. Te sentirás un bicho raro, es normal. Pero recuerda esto siempre: no estás sola, no estás solo.
  9. Sé el ejemplo que el veganismo necesita. Tus actos, tus gestos, tus decisiones, ayudarán a otras personas a dar el paso hacia el veganismo. Tienes más poder del que imaginas. Mi mejor consejo es que transformes toda esa ira, todo ese odio que puedas sentir al quitarte la venda de los ojos o cada vez que veas un documental y descubras las atrocidades que se hacen a diario con los animales, en AMOR. En amor y compasión hacia ellos. Elabora un discurso amable, compasivo, cercano. No exijas. Invita a conocer a tus personas más cercanas este estilo de vida. Demuéstrate a ti mismo, a ti misma, que es posible contar con una buena salud siendo vegana, siendo vegano. Sé una persona inteligente, amable, honesta y hazlo lo mejor que puedas hacerlo.
  10. No discutas con otros veganos. Lo más lamentable que he visto en estos años, es veganos contra veganos. Como todo en la vida, el veganismo también oculta muchas sombras. Conocerás a personas que por el hecho de ser veganas no significa que vayan en la misma sintonía que tú. A pesar de que ambos mandos aman a los animales. Pero así es. Nunca he querido participar en estos debates ni historias. Pero existen. Así que mi mejor consejo al respecto es que no desperdicies tus energías en ello.

Esto es too tooo tooo tooodo amigos.

Tras el chapón del siglo, si han llegado hasta aquí les hago una ola. O un bocadillo de hummus con aguacate que está más rico. Un millón de gracias por leerme, por estar aquí, por ser parte del cambio, por vuestra lucha, por vuestro amor incondicional hacia los animales, por vuestro respeto y por vuestro ser.

Siempre digo que, se trata de vivir haciendo el menor daño posible. Y aunque no seamos perfectas, aunque no seamos perfectos, aunque comas carne «solo una vez a la semana», si consigues dejar de hacerlo el resto de los días, ya será un gran paso y una ayuda hacia los animales. Estoy convencida de que si llegas hasta ahí, llegará el día en que dejes de comer animales para siempre.

Gracias.

2 comentarios en “¿Cómo dar el paso hacia el veganismo y quedarte a vivir en él para siempre?”

  1. Muchas gracias Irina, siempre es un placer leerte, lo he intentado 3 veces y siempre he fallado, de hecho me siento fatal cuando como carne, no puedo estar en el mismo lugar que se cocina porque me provoco y un sinfín de cosas más. Voy a seguir tus consejos. Muchas gracias

  2. Irina Tejera (CEO Coco&Fresa)

    Tranquila Cris, ocurre más de lo que puedas imaginar. Porque quizás no sea tu momento o porque necesitas de una convicción más fuerte o apoyo. A veces, el gesto más insignificante, es el que nos lleva a hacer ese «clic» para siempre. Es importante entender que el veganismo no va de una dieta, sino de un modo de vivir que respeta a todos los seres vivos. Y ese amor tú lo tienes dentro de ti de sobra. Cualquier cosa, sabes que puedes contar conmigo. Un abrazo y gracias por leerme <3

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.